
Esto es sólo un cuento, pero es muy triste ver como infinidad de niños pierden su infancia y su inocencia, tras la mirada muchas veces indiferente de la sociedad que les rodea. Niños que por circunstancias ajenas a su voluntad se convierten en protagonistas del sufrimiento en su infancia y, en algunos casos, debido a esto creadores del mismo en su adolescencia y madurez.

Familias desestructuradas que generan un clima de violencia familiar, familias en riesgo de exclusión social que provocan el rechazo del resto de la sociedad o niños abandonados son algunas de las causas por las que los pequeños se convierten en personas violentas, niños con déficit de atención, con actitudes rebeldes, desobedientes… La sociedad define a estos niños como delincuentes; pero niños de siete, ocho o nueve años… ¿pueden ser catalogados como delincuentes? Quizá sólo necesiten algo de atención, una persona en quien depositar su confianza y que le marque unas pautas de comportamiento que pueda asimilar.
No nos damos cuenta de que los niños de hoy, son los adultos de mañana. Adultos que van a necesitar volver a recordar su infancia y los valores que en ella disfrutaron como la inocencia, felicidad y capacidad humana.
“La mejor manera de hacer buenos a los niños, es hacerlos felices”.- Oscar Wilde
“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”.- Pitágoras